06 abril 2009

Un desastre bien manifestado. Nacho Vegas

Por: Ma.Gut.Al.
Irreverente, explícito, y la influencia de una tierra no explorada antes por él; eso es lo que encontramos cuando escuchamos la más reciente producción del cantautor asturiano Nacho Vegas.
El manifiesto desastre
, es el título con el cual nombra a esta su cuarta producción en solitario, sexta si contamos su colaboración con el aragonés Enrique Bunbury El tiempo de las cerezas, y su trabajo con Christina Rosenvinge Verano Fatal. En este nuevo disco descubrimos vestigios de su crecimiento musical, el cambio de una banda que marcó su estilo con su clásico sonido, y claro, las influencias que podemos atribuir a la gira americana que realizó junto a Enrique Bunbury, en la promoción de su disco conjunto El tiempo de las cerezas. El manifiesto desastre es un disco que consta de 11 temas, en el cual todos aquellos que ya han oído al asturiano, concordarán en que, sin perder su peculiar estilo lírico, aquel que todos identificamos tan complejo y metafórico, este disco se ha vuelto más sencillo, pero no sencillo como sinónimo de simpleza, sin embargo, es un disco que resulta fácil de oír en una sola toma, puede llegar a ser tedioso si no se tiene la concentración adecuada.
Nos encontramos ante un material introspectivo al 100%, que narra situaciones tan cotidianas como el amor y la vida, conjugadas con situaciones y perversiones de la mente humana como el deseo de matar, o como el título de la misma canción que abre esta obra: el sexo anal; así como la paranoia y el rencor que envuelven el alma cuando nuestra pareja nos abandona, y más cuando la fuerza de la culpa recae sobre el yo y no sobre el ser amado.
Desglosando el disco tema por tema, podemos encontrarnos piezas tan geniales como la grandiosa canción que da comienzo a el Dry Martini S.A. que no es mas que la narración de los excesos y la locura de la perdida recién del ser querido, excesos como el que encierran las siglas de el título S.A. Sexo Anal, como el consuelo a todos aquellos pensamientos de ausencia, intentando llenar un vacío que no se llena, una canción cruda y cruel, sin embargo, bastante atractiva.
Después encontramos otro cocktail de sonidos clásicos en los discos de Vegas como Detener el tiempo, aquel ritmo distorsionado del country norteamericano con una letra sobre la avaricia del control y a su vez la ignorancia de la infancia, que nos lleva de la mano a Junior Suite, donde apreciando con buen detenimiento se pueden distinguir en los coros a su colaboradora en la producción anterior y ahora compañera de vida, Christina Rosenvinge. Esta mezcla de sonidos podríamos darlo por terminado en Lole y Boran (Un amor teórico) donde a la par de encontrar en los ecos a Christina Rosenvinge inclusive una línea de diálogo entre estos dos cantantes, se ubica claramente en una alusión a la manera española, del Rock`n Roll de tiempos de Elvis; claro ejemplo de las influencias musicales recogidas en la gira norteamericana junto a Bunbury.
Así se desliza suavemente el oído por los diferentes tracks como El tercer día, donde narra la agonía de la espera, como también en Nuevas mañanas; ambas melodías como homenaje a las canciones en copla, donde manda la voz y el texto; la música solo esta al servicio del cantante.
Y aquí podríamos marcar la pauta para la parte final del disco que cierra con 4 canciones con melodías tan envolventes como complejas, ejemplo claro Crujidos, donde un sonido diferente al resto de la atmósfera del disco atiende claramente con lo que podríamos definir como la canción mas optimista de éste, con el verso aquel que reza “y no es tan trágico, no es tan trágico, no…”; contrastando con Monduber, la canción mas cruda que narra la ruptura y la molestia de ver al ser amado lejos y con alguien más… o varias personas más, incluyendo la resignación como lo muestra el verso “crack, mi amor crack, vas a dejar de quejarte…” o aquel de “…Ahora puedo marcharme, al final puedo oír, da igual que llegue tarde porque nadie espera por mi…”
Acercándonos al cierre del álbum, encontramos 2 canciones con lo que podríamos calificar el toque característico de “El manifiesto desastre”: “En lugar del amor”, donde se narra la reflexión a la relación amorosa, un claro homenaje a la sinfonía ranchera clásica de nuestro país, incluso el fragmento en el que cita al más grande compositor de este genero que México haya dado: José Alfredo Jiménez; “…y en el fondo de mi vida me encuentro un abismo, que suerte la mía que diría, el mismo José Alfredo…” este producto podríamos adjudicarlo a su visita a la plaza de Garibaldi después de sus presentaciones en enero del 2007 junto a Bunbury.
Finalmente el disco culmina con Morir o matar, una alusión a la crónica de una relación destructiva donde una de las dos almas posee un conflicto, inclusive podríamos definirlo como psicológico, de bipolaridad, una persona agresiva que no sabe sobrellevar una relación y termina hiriendo al otro sujeto tratando de excusarse en el problema como narra este párrafo: “…y tus párpados cayendo se me antojan guillotinas, y te observaré durmiendo y me pondré a susurrar: nuestras almas no conocen el reposo vida mía, pero si hay algo que es cierto, es que te quiero un mundo entero, con su belleza y su fealdad, porque no puedes aceptar que esto no se trata mas que, amor mío, de morir o de matar”.
Con todo lo mencionado, Nacho Vegas nos invita a oír su obra El manifiesto desastre acompañado, como ya es costumbre para comprender un poco más su música, con una buena copa de vino tinto y un buen cigarrillo, así que todos los que tengan la oportunidad de hacerlo… disfrútenlo!
…y que les vaya muy bonito…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

suena bien la musica de este sujeto, aunque no lo conozco del todo, pero por bunbury podría ubicarlo...

Anónimo dijo...

muy buenaa reseñaaa
nacho vegas es todo un poeta

Anónimo dijo...

buena reseña de su nuevo disco haci mucho que no sabia nada del Vegas, que bien que me enteran wachos, los sigo desde enero y me late su chamba monos, son la neta, nunca cambien y ttraten de hacer su magazine impreso, sera un exito.

Regina O.P.