29 abril 2009

Pretty Persuasion. Marcos Siega y la flor del mal

Dicen los que saben, que el hombre comparte con la mayoría de los animales la fijación enfermiza por distinguir los polos opuestos. Y es que en efecto dicen esos mismos, resulta más simple y sobre todo práctico pasar por alto las medias tintas. Es parte de nuestra naturaleza. Todo se resume a aquello de comer o ser comido. Pero de que el hombre es el único animal cuyo disparatado seso le hace invertir su vida entera en la invención de nuevas tintas completas, sólo para luego arrojarse a la muerte y lo que resulte en pos de ellas; ahí sí, no hay ni para aventarle la culpa a la naturaleza.
Difícilmente basado en nuestra tesis de a tres pesos; el para nada incipiente director neoyorkino Marcos Siega, la situación -obsesiones más, obsesiones menos- también es clara. El cielo y el infierno existen. Y este último comienza y termina en una preparatoria nice de Beverly Hills; donde respondiendo al llamado de una chava buenísima, dueña y señora de la popularidad; son convocados uno a uno los más feroces espectros del mal.
Emulando a Heathers (1988) y a la vez, al posterior homenaje-parodia Jawbreakers (1998) en tanto su complicidad con la farsa enloquecida; Pretty Persuasion (Hermosas tentaciones, 2005) desarrolla un relato mórbido y apremiante donde, durante casi dos horas, Siega se la cura a gustito con los clichés de la high society gringa, en un magno ejercicio de humor cabrón y drama amarguísimo y culebra.
Producida por Prospect Films Montreal y distribuida en México vía Quality - que se refina de a poco con sabrosos resbalones de buen cine extranjero; para muestra basta recordar que es responsable de traer a los videoclubes nada menos que el catálogo de Tarántula Films- destaca no sólo por hacerla de ópera prima digna de elevar a Siega de videoasta revoltoso a director de cine en pleno; sino por el nivel de violencia ideológica y argumental donde; haciendo gala de unos diálogos de veras perros; el film brilla al por mayor en exceso y neta ojetéz.
Con una clasificación C rotunda, Marcos Siega; padrino visual del tanto querido como despreciado Metal y simpatizante de otras ondas metaleras no tan nüs (los videoclips de System of a Down, P.O.D, Papa Roach, Sevendust, Weezer, Anthax y Blink 128 lo comprueban) y picudo director invitado en numerosos episodios de series hit de la tele (Cold Case, Shark , Dexter, True Blood y Veronica Mars) traslada el grafismo perturbador del que tanto gusta, desde la imagen a la parte literal del relato. Los diálogos se encargan entonces de dar forma a una estructura donde la agresión- de cuerpo presente, bien dura y a la cabeza;-golpean al espectador en una dinámica a contra flujo con el tratamiento de la imagen: uno aparentemente light y sin rudeza visual manifiesta; siempre en plan de parodia perversa al típico cuento fresón y eternamente patético de la chaviza vecina del norte. La brutal malicia perturbará sin duda a más de uno.
Precisa desde el inicio y en crescendo rumbo a un clímax que si no inmaculado resulta ciertamente efectivo; el director reivindica su pericia lo mismo que su fama de provocador mediante el relato de una verdadera orgía de jugosos pecados –sexo, drogas, racismo, avaricia, envidia, consumismo y demás linduras- encarnada en el anoréxico cuerpecillo de un auténtico chamuco postmoderno: Kimberly Joyce; la chava buenísima, popular y mala como el puerco (Secretaria de Salud dixit) que por si fuera poco; resulta ser particularmente templada y de lo más inteligente.
Sin temor a navegar e aguas bravas, Siega reproduce el decadente mundillo de la adolescencia gringa pudiente que; más allá de retratar el culto al físico, la búsqueda desenfrenada de la fama y la idolatría por los medios –pan con lo mismo dirán los más incrédulos- desvela los recovecos mugrosos donde a gusto se cocinan los verdaderos horrores de la humanidad.
De narrativa fragmentada con ecos de videoclip; pero debidamente zurcida mediante una depurada técnica de montaje; se complementa y refuerza de manera importante el trazado de una travesía malsana, políticamente incorrecta y levanta ámpula por la nada honrosa historia reciente -pre Obama, pro (agüevo) Bush- de un país cuya malaventura nacional lo tiene verdaderamente jodido. Aversión-invasión afgana, retache gañan de inmigrantes, masacres escolares, star system feroz, homofobia y misoginia incluidos.
Con todo y una resolución final que se siente medio baratona, Siega se muestra firme, prometedor y lo suficientemente propositivo. Barbaridades para regalar mediante; Pretty Persusion es sin duda un trabajo sólido; de habilitosa técnica y tratamiento fresco donde la capacidad para burlarse de si mismo y de lo que nadie (casi) se atreve a burlarse, y sobre todo de apostar por el cliché y (cosa rara) salir bien librado, hace su mayor acierto.
El plus: un James Woods hilarante haciéndola de padre sin nada de escrúpulos y todavía menos mamá y una estupenda Evan Rachel Wood (la ninfeta rebelde de A los trece) haciendo crecer ajos a su paso como la Lolita malora del cuento.

Por Palomita Rodriguez***

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