19 febrero 2009

Art School Confidential. De arte y cosas peores

¿Que es el arte al fin si no lo intangible e inútil cuyo valor radica en tanto que uno lo admire?
Además de parafrasear al siempre visionario Oscar Wilde, resulta por demás pertinente cuestionar si no es también en ese ejercicio de admiración donde el arte- lo verdaderamente admirable; se desvirtúa y pierde todo sentido?
Habremos de reconocer que existe un buen número de obras y artistas difícilmente cuestionables, pero también es cierto que el arte no es un terreno de limites precisos y si uno fértil para los grandes fiascos. Esto lleva inevitablemente a cuestionar incluso a las grandes obras y sus artistas. Y si ya de por sí es complejo deducir que es lo hace una obra vital e imperecedera - hay quienes consideran a Andy Warhol un simple serigrafo engreido- menos simple resulta distinguir la línea divisoria entre el arte, la pretensión y la sinrazón; o peor aun; dar crédito a uno solo de quienes consideran determinada obra como una cosa u otra.
Y si la elite supuestamente conocedora tampoco es capaz de distinguir ¿En donde queda la obra? ¿Y el responsable de ella? Una obra maestra es producto de un maestro. ¿Y qué si la obra se considera lo contrario?
Para el aventurero Jerome Platz; admirador de Pablo Picasso, artista en ciernes e idealista empedernido; la prestigiosa academia de arte Strattmore parece ser la respuesta a sus plegarias y genio creativo. El camino a convertirse en el más grande artista de su época parece claro y definido. Hacer arte es tan simple como dejarse llevar por el propio adornado y enervante llamado de la disciplina. No obstante, pronto Jerome aprenderá lo que nunca imaginaría que se puede aprender andando en las pedregosas vías por las que se persigue la incansable y más pura verdad del arte.
Terry Zwigoff; heraldo de los torcidos universos de Robert Crumb y Daniel Clowes - freaks nostálgicos y artistas graficos marca duele rico-regresa con Art School Confidential (el arte de la seducción); un texto fílmico sobre el influjo del arte en el ser humano; pero sobre todo un incisivo y delirante relato sobre lo fatuo y mediocre que el hombre ha vuelto el concepto. Zwigoff retoma su característico estilo; el de la cadencia narrativa y la disposición de recursos visuales que evocan la novela gráfica; tejiendo una historia agridulce y mordaz, donde un apasionado joven lidia con los conflictos internos que le acarrea el súbito despertar al mundo real de la incomprensión creativa y la hipocresía arrogante del entorno, mientras entre sus compañeros –pretenciosos seudo intelectuales folkoristas y cursis- se esconde un temible asesino a sangre fría.
Aunque el director trata la problemática del arte de manera más bien tajante y con especial énfasis en la primera mitad, y de ahí al final el proceso de conflicto interno de Jerome; las partes se encuentran a últimos minutos, en un clímax efectivo y revelador cuyo principal atributo radica en esa melancólica y fatal perspectiva donde el aplomo artístico queda subyugado a la mirada benevolente del observador.
Si bien la critica especializada le considera bastante más regular en comparación de lo que fue Crumb (la vida loca de Robert Crumb y su relación con una familia todavía más loca) y Ghost World (la cuidada adaptación de un comic nostálgico de Clowes), Art school confidential es una fina, lúcida y sagaz mirada cinematográfica que con todo el sello de los implicados -Clowes, al igual que en Ghost world responsable de la novela grafica que inspira la historia y de la adaptación en pantalla y Crumb, inadaptado cool pero modesto- saliendo airosa de la seducción pérfida y traicionera del sarcasmo excesivo, y haciendo lo suyo frente a la futilidad de los medios y la pereza creativa tan presente a últimas fechas.
Probablemente no halla respuestas. Probablemente el arte siempre ha consistido en buscar la quinta pata del perro. Lo cierto es que lo que enaltece al hombre es la obra que permanece mientras este último deja la tierra y vaga en el infinito. Y lo que permanece, es atemporal. Aún cuando a unos u otros ojos diste de ser una obra de arte.
Por Palomita Rodriguez**

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