24 marzo 2011

Homenaje a José Agustín.

Por: euGENIO ZAMORA MOJICA






 
En el marco de la 5ª feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Morelos, el maese José Agustín, fue homenajeado como se merece. Un pódium adornado por el buen Paco López, director de UFM Alterna; Martha Ketchum, directora del Instituto de cultura del Estado de Morelos; Beto Monroy, estudiante representante de la escuela de escritores Ricardo Garibay; y el propio José Agustín; fue el escenario que dio pie al merecido tributo, a uno de los grandes escritores que ha dado este país. Beto Monroy, complació leyendo un texto biográfico sobre el maestro Agustín, retomando estilo y forma del homenajeado. Un trabajo similar, hizo el gran Paco López, dejando en claro la importante labor de José, como antropólogo del Rock, y otras músicas. El turno del profe llegó, compartiendo, importantes momentos de su vida en la vieja Habana, cuando a los 16 añitos cae como del cielo, a un mundo muy distinto al México del férreo priismo, en ese entonces, encarnado en López Mateos.

Parte del homenaje, sirvió para hacer la presentación del reciente libro, publicado por el maestro José Agustín, “Diario de brigadista”. Obra realizada, a modo, de apunte personal, y habla de la importante etapa en la vida del escritor, llegando a la Cuba, recientemente de Castro. El escape de su casa, con un matrimonio hechizo, 16 años de edad , y la crucial labor de alfabetizar al pueblo cubano; todo junto se agolpa, cuando el joven escritor se topa de frente con dos importantes iconos de la revolución latinoamericana del siglo XX; Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara. Los 16, parecen pesar de a tonelada por año; así el chamaco, se crece ante la situación, dando pie a un proceso de maduración, que mas adelante se reflejara, no solo como literato, también para los avatares de la vida misma.

Llego la hora del pregunta/respuesta, y el respetable tomó el micrófono; un miembro de los chamacos castrosos, que se encontraban a la derecha del compa Agustín, abrió la sesión de preguntas, exclamado -¿Y no le dio pena mostrar su diario?-. El escritor respondió sin vacile, a lo que pareció más que una pregunta, una burla. –¡Noooo, para nada! al contrario, me sentí más tranquilo. Además, a estas alturas de mi vida, ya nada me causa pena, ni siquiera escucharte-. La carreta de los adjuntos llego ipso facto. Al otro extremo, un caballero, tomó voz a una interrogante, a cerca del habla de los chavos de ahora, en comparación a la chaviza de los años 70s; a lo que don José respondió, que no hay gran diferencia, que si, efectivamente, ha habido cambios léxicos, pero, nada que requiera más traducción que el sentido común.

La charla culminó, anunciando, que José Agustín acudiría a la mesa de junto para firmar los libros, ahí a la venta. Cabe señalar lo democrático de nuestra directora del Instituto de cultura del Estado de Morelos, quien quizás, sin darse cuenta de que el micrófono seguía encendido, dijo –primero que nos firme a nosotros nuestro libro, luego que se los firme a ellos (el público)-. Jajajaja, ¡vaya autoridades que tiene nuestro estado! En fin, el maese Agustín se quedó con el respetable, y entre fotos, firmas, libros y revistas, atendió uno a uno a los interesados en estrechar su mano, demostrando, que él si sabe tratar a la gente.


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