11 julio 2009

Soldado Anónimo



No pienso, no escucho, no siento, no puedo ver más que la pólvora y tierra cubrir mis ojos. Mis oídos inundados de sangre tan sólo escuchan las balas y las explosiones como zumbidos tenues. Estoy solo, abandonado y derrotado en algún lugar remoto, lejos de casa, en algún sitio donde la lluvia parece no terminar, donde el frío incrementa conforme el agua comienza a colarse por todo mi uniforme, no encuentro algo de lo que pueda aferrarme, la esperanza comienza a desvanecerse.

Llevó tres días en esta trinchera, éramos un comando de doce militares. En unos días la guerra terminará y regresaremos a casa, regresaremos en tumbas aladas, en cuerpos inanimados. Estamos muertos de tristeza y desolación. Al llegar a nuestro país nuestro dolor se quedara por siempre en esta selva tropical y nada será lo mismo, ni el mundo, ni nosotros, pero si lo será la guerra que está por venir.

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