14 octubre 2009

El Corazón del Tiempo llega a Cuernavaca.


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Quince años han pasado desde que la Selva Lacandona rugiera: ¡Ya Basta! El grito venía desde lo profundo del corazón de los indígenas chiapanecos quienes cansados de tanto abuso decidieron buscar la luz de una realidad mejor. En aquel entonces la única forma de hablarle al mundo fue por medio de las armas y fue así que se conoció internacionalmente el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El resto de la historia la mayor parte del mundo la conoce (en ciertos fragmentos y diversas versiones pero se tiene consciencia de su lucha por los pueblos del mundo). Siete años, a la mitad del camino, se fundaron en los municipios autónomos rebeldes las Juntas de Buen Gobierno y se estableció un sistema político en donde todos tuvieran una voz. “Caracoles” es como se denomina a ésta unidad organizacional zapatista; dentro de ella se congregan diferentes municipios con necesidades específicas, se gobiernan con sus propias leyes y sus cargos de representación son rotativos y temporales. De ésta forma se evita la corrupción (que también es monitoreada por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN) y se le da oportunidad a todos de opinar sobre el destino de las tierras rescatadas por los zapatistas durante toda su lucha (una lucha que inició con las armas y ahora se ha profundizado en la palabra, el dialogo y la autonomía). El territorio zapatista siempre asediado por el gobierno mexicano, los paramilitares y la misma estructura del neoliberalismo voraz ha resistido durante todos estos años y a pesar de todos los bloqueos y represalias ha logrado estructurar una mejoría en Chiapas. La resistencia zapatista es sin duda uno de los movimientos sociales más auténticos del mundo entero y ahora, a quince años de su despertar armado, a siete de la creación de los Caracoles y bajo el lente de Alberto Cortés podemos observar lo que se ha logrado en el Sur de México a través de su opera prima “El Corazón del Tiempo”. La relación entre el EZLN y los pueblos indígenas en resistencia y el mundo exterior, el sentimiento de dignidad que empapa la identidad zapatista y la concepción de amor en un contexto único son algunos elementos que plantea la cinta. “El corazón del tiempo” no es un film propagandístico, es una historia de amor sencilla y humana bajo la perspectiva de una tradición ancestral que colapsa con el despertar libertario de las nuevas generaciones zapatistas (las cuales se acostumbran a vivir en libertad, en lucha, en constante demanda por sus derechos, en permanente acecho de los militares y hasta ahora, en un progreso palpable en cada una de sus comunidades).
“El corazón del tiempo” ha sorprendido a la crítica especializada en festivales como el de Ceará en Brasil, Sundance, San Sebastián y el Festival de Cine Internacional de Guadalajara y ahora resiste en las salas mexicanas por llegar a la mayor parte de la sociedad. La distribución ha sido por medio de productoras independientes y como cualquier acción del EZLN ha sido boicoteada por los medios de comunicación. La lucha ahora se propaga por Internet donde la gente ha apoyado el film y a desarrollado campañas para asistir a las funciones y así lograr la permanencia en cartelera. El director establece: “La importancia de la película es que retrata la vida cotidiana en las comunidades zapatistas, cómo se vive en resistencia, cómo se vive construyendo la autonomía… todas estas cosas que hemos conocido del zapatismo, de otra forma, mediante los noticiarios o los comunicados de Marcos o los innumerables documentales que se han hecho, pero esta es la primera vez en que se ve eso en una forma de ficción, pero actuada por ellos mismos, que fue uno de los acuerdos, no que fingieran ser zapatistas, sino que la hiciera el colectivo, todos los zapatistas son coproductores con la junta de buen gobierno Hacia la Esperanza. Es una película donde inventamos una forma de producción.” El resultado es un vistazo a una realidad de México que permanece aislada pero estable, una realidad en donde un sector de la sociedad ha luchado incansablemente por tierra, trabajo, libertad y ha conseguido importantes logros. Uno de ellos se refleja en las distintas expresiones artísticas que se derivan del movimiento indigenista y su responsabilidad en narrar y compartir su realidad.
La cinta está protagonizada por gente de las comunidades zapatistas, son actores que además de representar a su mismo pueblo han crecido dentro de la misma lucha. La historia de amor se entremezcla con la libertad de pensamiento, las generaciones que interactúan dentro de los Caracoles y la retroalimentación de la tradición, la sabiduría del anciano y la demanda de nuevas visiones por parte de los jóvenes rebeldes.
La lucha zapatista es mucho más que el Subcomandante Marcos (aunque ha sido motor importante con todo y sus defectos), es un pueblo entero conformado por muchas minorías a lo largo y ancho del mundo, es una ideología que resume el pensamiento de un gran número de personas que estamos separados y es la evidencia de que otro mundo es posible, un mundo donde quepan muchos mundos, uno donde el “ya basta” sea el inicio de acciones que nos lleven a concebir otro país, otro mundo lejos de este neoliberalismo que bajo su yugo nos conceptualiza como productos desechables y posiciona la vida humana inferior al precio del dólar. Un sistema que amenaza con destruir la diversidad, el concepto de humanismo y la dignidad de los pueblos rebeldes. El ciclo se rompe cuando nosotros en las “grandes ciudades” nos atrevemos a escarbar en la lucha y conocer el legado de Zapata, cuando aceptamos nuestra unión ineludible con las raíces indígenas y decimos en un grito “Ya basta” y comenzamos a pensar y actuar. Debemos luchar cada quien desde nuestra trinchera, condensar la resistencia en la negación del sistema actual y la reivindicación de la unidad de los que han sido olvidados en el corazón del tiempo.
Más allá del contexto social que vive la cinta “El corazón del tiempo” merece ser vista porque aun con todas sus limitantes económicas realmente es un trabajo artistico de calidad. Alberto Cortés es un director con una trayectoria considerable de documentales y cortometrajes, Hermann Bellinghausen es un importante cronista del movimiento zapatista, además de poeta e importante figura de las letras en México y como un extra el film cuenta con una banda sonora excelente con participaciones de Cecilia Toussaint, algunos miembros de Ojos de Brujo y los niños y la marimba del pueblo San José del Río en la Selva Lacandona.

davotanko@hotmail.com
www.lobowendigo.blogspot.com

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola me gustaria se hiciera evento de su aniversario, espero conocerlos ese dia, es bueno tener proyectos tan comprometidos como ustedes.

Regina O.P.

Anónimo dijo...

Buena reseña, la pelicula es muy buena y creo que no hay que permitir la resitencia