13 agosto 2011

Discos noventeros de chicas que dejaron huella Vol 2

Little Earthquakes.
Tori Amos.
1992

Lo que la mayoría sabe, es que para 1992 Tori Amos de 28 años, había vivido una de las experiencias más atroces de su vida: una violación con lujo de violencia en medio de una madrugada en carretera.
Lo que quizá muchos no sepan es que para ese año, la joven también había viajado por medio mundo; así como hubo conseguido becas universitarias, ofrecido cientos de recitales callejeros, formado una banda y casi por descuido; tambien de paso fue ganando la admiración mucha, pero mucha gente.
Cruentas batallas. Reconstrucciones a fuerza de puro instinto. Como quiera que sea, Tori Amos es grito de guerra.
El arte de sobrevivir  y el talento de contar historias tristes disfrazadas de arrullo la comparten; aunque secretamente la quisieran sólo para sí. Cómo muchos sin tierra ni esperanza para los que al fin alguien cantaba.
Doce pequeños terremotos del año 1992 fueron el resultado de un cúmulo de tragedias que  Atlantic Records editó en Europa a pesar del estrepitoso fiasco de un lanzamiento anterior y un rechazo en primera instancia.
Al cabo; fueron las sesiones de 1989 a 1991 el origen de un LP electrizante y una veintena de b sides  que ponen en evidencia a una artista plena justo en el umbral de su propia grandeza.
Es aquí; en prados floridos bajo un cielo negro; donde comienzan a resonar los ecos de Kate Bush y Joni Mitchel; heroínas que como ella; bien saben caer sólo para levantarse con el coraje renovado.
Un disco femenino e intimo, que desentona - y no, ciertamente- con la época. El primer gran vistazo  a la diosa terrible que Amos ha sido siempre y que no se quiebra nunca. Imprescindible.



Tidal
Fiona Apple
1996
La historia no confirmada cuenta que la autora en cuestión fue rechazada una y otra vez gracias al material inflamable que se convertiría más tarde en este glorioso álbum debut. Unos la acusaron de revivir con electrochoque aquellos viejos sonidos que se habían desterrado de la escena con los estertores del grunge. Otros, de tener una mente con tremenda boca floja que nunca se ha quedado corta cuando se trata de pensar en voz muy alta. Uno que otro, de ser una exquisita mariposa que desplegaba prematuramente unas alas con demasiada luz para volar en una década tan desencantada.
¿Qué pensaba esa virgo neoyorquina de 18 años cuando gritaba a los cuatro vientos su clara intención de romperle el carácter al buen rock para reconstruirlo a su modo? Muchos ni quisieron saber más del asunto. Los más se callaron la boca y simplemente escucharon.
El productor Andrew Slater voló con Fiona a Los Ángeles  y para el verano de 1996, Work, una división más bien mediana de Sony Records, estrenó al talento femenino más incendiario del momento.
Diez cortes conforman la bitácora viajera de una casi niña  por un mundo salvaje donde sólo son capaces de sobrevivir aquellas  criaturas con el alma azuzada por el dolor y los ojos preparados para la obscuridad. 
Con descarnada voz Fiona libera la tormenta. Reza maldiciones haciendo recuento sin quebranto lo mismo de amores que de heridas.
Ominosas  estructuras.  Pasajes eufóricos. Y como el ir y venir del filo sobre la piel, la viciada  -pero innata- sensualidad de una sirena que no es presa de nadie.  Tidal es un álbum de furia.
Luego de tres álbumes, Apple se retrae aunque sin disiparse. El retiro temporal  parece no significar demasiado para ella. Al fin y al cabo lo ha manifestado ya. "Cuando tenga algo importante qué decir lo diré"
Seguro tendrá que. Y estamos ansiosos por escucharla.

Babel
Santa Sabina.
1995

Desde el personal punto de vista de que goza esta insignificante columna, podemos decir sin temor a equivocarnos que es Babel,  el mejor álbum femenino de rock en español y una auténtica piedra angular del movimiento artístico latinoamericano de los 90. Quien no aprende de Babel no sabe leer entre líneas y es probable que haya perdido toda capacidad de asombro.
Oscuro y decadente; teatral y casi demasiado bien hecho, los sabinos llevan al limite su propia mitología en un disco sin precedentes ni descendencia. Plagado de iconografía religiosa, poesía maldita y simbología oculta, Babel es un ritual pagano donde pronto uno se ve envuelto en una atmosfera de sueño pesadillesco. Los sonidos hacen levitar y las melodías hipnotizan. Uno sabe que está frente a una banda de hechiceros capaces de jugar a su antojo con el tiempo y el espacio.
Babel tiene a los mejores haciendo lo que más aman hacer. Alfonso Figueroa de la mano de Pedro Aznar –productor de Mercedes Sosa y la banda sonora de Amor en tiempos de cólera- lideran una producción para el emblemático sello Culebra y convocan en este espectacular combo a Juan Sebastian Lach y Patricio Iglesias en teclado y batería; Adriana Díaz Enciso y Jordi Soler en las letras, Alejadro Otaola en la guitarra y el sitar, y en la voz, a la eterna y única diosa que el rock mexicano contemporáneo tenga memoria: Rita Guerrero.

Por la Musa*

No hay comentarios: