25 junio 2011

Discos noventeros de chicas que dejaron huella Vol.1

Jaggued Little Pill.
Alanis Morissette.


En 1994, Alanis era uno de los mejores secretos a voces guardados en Canadá. Un año después esta cantautora -particularmente irreverente y talentosa- batía los récords de venta en la historia de la música moderna. Por esta sencilla razón Jaggued Little Pill es el filosísimo parteaguas que separa tajantemente a la early Alanis; jocosa estrellita pop de hule tipo la Thalia adolescente de legendarios tiempos timbirichescos; de la Morissette en vías de madurez artística y personal que, aprovechando el tour por la vida, tranquilamente le mentaba la madre al conservadurismo y al nuevo star system. Es entónces (junio de 1995) que al amparo grandilocuente de Madonna como madrina y su sello Maverick; y ostentando temas como You ougtha know, Hand in my pocket, You learn y la todopoderosa Ironic, que la Morrissete despliega a todo sus 22 años, sus cuerdas distorsionadas y su fraseo sucio en un pop rock eléctrico, íntimo y más que disfrutable. Hoy Jagged.. cumple 15 años. La primera década –y los treinta millones de copias vendidas hasta el 2005- ya condecorada con una reedición en versión acústica que se queda corta a lado de aquel sublime palomazo desconectado para MTV en 1999.
No obstante que aún muchos consideren que Jaggued Little pill es un álbum que sirvió a la Morissete más para sacarse la espina luego de algunos años de carrera juvenil exitosa pero hueca; que para cimentar una figura artísticamente importante; y que el álbum en cuestión no logra superar la prueba del tiempo; este trabajo sigue siendo el mayor éxito de su autora en todos los sentidos y unos de los más vendidos en la historia de la música. Es Jaggued Little pill por ende, pieza clave en el universo alternativo femenino de los 90 y aun de otras épocas.


This fire.
Paula Cole.

Atrás queda el recuerdo de la joven escuálida que se recogía el pelo en una trenza a cada lado de la oreja y evitaba en lo posible -en un plan de justiciera feminista a ultranza- rasurarse las axilas cuando cimbreaba el escenario con una potentísima voz y un timbre soberbio.
Ahora Paula es una señora con curvas que ante la mirada irónica de algunos y sorpresa de la mayoría dijo a VH1 que su mayor decepción en la vida ha sido la música.
Aunque para los críticos mas reacios la Cole fue un poco demasiado entusiasta, la melómanía contenida recuerda bien que su talento; total y absoluto; como vocalista la rescata del naufragio y la coloca en un lugar privilegiado dentro de la memoria musical colectiva.
Con This fire; –un trabajo que es necesario oír con cuidado- manzanita de la discordia entre los sabiondos de estos menesteres y blanco de la atención de media década; Paula logró colarse a los charts (que la tocaron hasta cansarse) y pudo ganarse un poco más que el beneficio de la duda.
Previo a este descomunal y efímero éxito cuya punta de lanza fue el sencillo I dont want to wait; hubo un álbum en solitario bastante digno y años de experiencia como corista de Peter Gabriel, quien para nada dudo en solicitar su presencia vocal para que sustituyese a Sinnead O´Connor durante la gira Secret World, ni más tarde; en producir por todo lo alto este álbum.
Es entonces (1996), cuando presumiendo de ese fastuoso rango vocal que la caracteriza, la Cole presenta un trabajo lujoso al por mayor que la hizo lucir y al mismo tiempo, la hundió en el camino. This Fire fue tachado de arrogante y sobreproducido por la critica especializada. Tan poco sincero como grabado por una suerte de Meryl Streep cantante, a la que cincuenta minutos de música no le alcanzan para desplegar completa una jactanciosa exibicion de toda clase de cabriolas vocales.
Y el talento es talento, pero a la postre a este This fire no le fue suficiente.
Luego del lanzamiento de Amén -un disco igualmente extremo; el tercero en su carrera- la Cole dijo haber descubierto que la música no es el camino correcto para ella. Justo ahí decidió retirarse supuestamente de forma permanente, no sin antes lanzar su respectivo recopilatorio y un par de temas inéditos.
Si uno le checase la pista de vez en cuando, pareciera que la Cole no tiene interés en volver. Aunque se sabe que se presenta aun en shows y se rumora que su regreso es inminente. Probablemente es tiempo de que el talento le haga justicia.

To bring you my love.
 Pj Havey.

Cuando la Harvey entra a una sala los presentes deberían ponerse de pie y descubrirse la cabeza. Porque es una grande. Quizá la más grande dama del rock británico de las últimas dos décadas y en este, su cuarto trabajo de estudio, PJ no sólo se muestra grande, sino fascinante, agresiva, vital y terriblemente sexi. Todo en su propia piel.
To bring you my love es una colección de episodios tan místicos como carnales. Un viaje con la tentación y el deseo en sus ajetreados caminos. Un álbum oscuro y fatal; de tesituras casi barrocas y carácter histriónico. Aquí la Harvey suspira encantamientos y lanza reclamos al viento entre toques de jazz, coqueteos blueseros, arreglos sinfónicos y las voces juguetonas y perversas de claves, serruchos frotados por arco de violín, cuerdas rasgadas con cuchillos, silbidos, susurros, coros masculinos y lamentos que lo mismo recuerdan a Diamanda Galás que a Tom Waits.
To bring you... es una prospección de su alcance a futuro y es mediante este trabajo con que se reinventa por cuarta vez consecutiva y a la vez, coloca una piedra más a esa forma creativa que paso a paso se ha vuelto estilo por antonomasia.
Este año la Harvey regresa con un disco muy suyo que engalana de nuevo con el toque de Midas de John Parish y revisita a discreción con este; el álbum numero 11 de su prolífica carrera; la actitud retadora del bien querido To bring you my love y brinda la oportunidad de volver a esa raíz visceral donde en romance perpetuo; el cuerpo, el sentimiento y la música son uno mismo.
Ray of light.
 Madonna.

En su segunda década de chamba, La Reina había hecho casi de todo. El papel de su vida, Un disco supuestamente erótico, varios soundtracks más bien tibios; un álbum producido por BabyFace, Dallas Austin y Nellee Hopper (rola compuesta por Björk incluida). Había tenido piercings, tatuajes temporales, una hija y un novio cubano. Sin embargo, con cada cambio parecía estancarse inevitablemente y regresar cada vez más desesperada. Por eso cuando William Orbit osó rondar sus cercanías, la reinita cual flor carnívora, lo atrapó en sus fauces sin más preámbulos. Con la ayuda de Orbit y dicen, de un coaching espiritual intensivo; Madonna logró desanclarse de la cuadratura del pop descarado y despertó de una vez por todas de un largo y profundo estado de hueva.
Renaciendo como verdadero fénix, es mediante este Ray of light que en ejercicio de depuración de estilo, consigue un sonido estructurado y distinguido pero fluido y auténtico. Orbit desecha de ella todo rastro de su antigua parafernalia y le inyecta un merecido shot de trip hop, un poco de new age y mucha electrónica refrescante. Ella se dejó crecer el pelo y recuperó las ganas de hacer las cosas. El resultado de este combo es probablemente el mejor álbum en la carrera de la Reina.
 Por La Musa*.

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