28 junio 2011

Un breve vistazo a la película de familia

La familia es terreno minado. Guarida -por todos temida y muchos conocida- de nuestros más implacables críticos . Ahora bien. Veamoslo de modo amable.
La familia es el mejor ejercicio de reconocimiento.
Tras sobrevivir a la familia uno es capaz de pelear cualquier batalla. Sólo no nos fiemos de las apariencias. A menudo las familias son peores de lo que parecen.

*Por La Musa Electrónica
*Este artículo no contiene spoilers.
La pelicula
La Familia
La oveja negra
El modus vivendi
La Heredad


Canino (Kynodontas)
Dir. Yorgos Lanthimos
Grecia, 2009






Para ELLOS, los cuentos de ir a dormir tratan sobre crecer.
El ser humano –llevan a suponer tales historias - es una criatura longeva que demora, y mucho, en alcanzar la madurez.
La biología y el deporte  nunca bastan. Tan es así que sólo la naturaleza en su infinita sabiduría es capaz de indicar el momento adecuado en que se ha aprendido lo necesario.
ELLOS saben que se está listo para el mundo sí y sólo si, se han mudado los caninos.
Suficiente para callarse, tomar en el comedor la clase de álgebra y esperar a que el tiempo haga lo suyo.
17, 19 y 21 años han pasado los hijos en la seguridad de la casa porque así es como se vive en el planeta tierra. ¿Quién sabe tanto que se atreve a cuestionar la razón por la que el ser humano es lo que es? ¿Y que son 17, 19 o 21 años en la vida de la gente afuera?
Una visita inesperada y un regalo de oropel vendrán más tarde que temprano a quebrar de una vez el equilibrio de elefante sobre cuerda floja.


Como el agua que siempre encuentra salida; la hija mayor es quien sabe descubrir la excepción a la regla y si no; también sabe inventársela.
En ella, el apetito por descubrir es difícilmente saciado; y más cuando confirme las sospechas de calibre grueso que la tienen inocuamente contra la pared.
Es entre los tres hermanos, ella la única capaz de entrever una verdad inaudita que acaba por despertar su espíritu transgresor. Como quien se sabe parado sobre la tumba de Jesucristo no dará crédito hasta comprobarlo todo de primera mano.
La hija mayor confirma el sueño arcano del hombre: Para derribar barreras de un sólo golpe basta con tenerlas de frente.


La piscina turquesa contrasta al brillo diurno con un césped sin macula. Más allá se alza la terraza que corona una estancia sin televisión moderna ni adornos en la mesa de centro. Después las habitaciones; telón de fondo para primero, jugar con anestésicos de grado clínico y luego; con  chucherías obtenidas a cambio de  hurgar de mutuo en partes privadas.
Mientras los padres sigan creyendo que esconder el teléfono y arrancar las etiquetas de la despensa asegura  que la peste mundana se mantenga fuera. Lo que ellos no saben es que como la muerte roja el germen ya se haya corroyendo muy adentro.


Mezcle usted luces de bengala y gasolina. Seguro tendrá una pequeña explosión. Lanthimos lo comprobó en este debut candente que tomó por asalto a Cannes, Berlín y a la misma AMPAS; llevándose entre los pies a cuatro contrincantes duros de roer (entre ellos Gonzales Iñarritu) en su carrera triunfal por el Oscar a la mejor película extranjera.
Un cóctel enrarecido de locura y perversión donde nunca estuvo de más adicionarle un poco de humor perro y casi involuntario que no hace más que acelerar la borrachera y prolongar la resaca.
Indispensable.


Corazones heridos
(The heart is deceitful above all things)
Dir: Asia Argento
EUA, 2007






El ensueño clasemediero del vecino país del norte es hecho trizas a través de la mirada del pequeño Jeremiah  quien en un hogar sustituto despierta un día al dolor para el que el destino – y su propia decadente madre adolescente -se empeñan en destinarlo.


Asia Argento, italiana, hija del maestro del giallo y morbosa mezcla entre actriz fetiche de la serie z, icono subterráneo y absoluta jet setter,  se mete a la realización y de paso interpreta a Sarah; la white trash consumada con pinta de Courtney Love de los infiernos que arrastra consigo a Jeremiah en un viaje sin frenos.


Algo más que patologías, estados alterados y síndrome de abstinencia terminan por transmutar un innegable y profundo amor filial en una relación donde madre e hijo en complicidad, sufren el desarraigo al que los confinan lo mismo vicios y destino.  En medio de la desolación se definen cual confidentes incestuosos  sin  saber que son tan devotos uno del otro que; como en la radio; se dedican a diario rutas de enteras de angustia .


Aunque sea para sacarse alguna espina, el trabajo de la Argento se nota y lo mejor; funciona.
Con todo y que las andadas en la adaptación literaria resultan menudo lío y la recepción es siempre dispareja; esta adaptación de la novela homónima de J.T LeRoy es perturbadora y tan trepidante como la lectura misma. La Argento no escatima en mano de obra. Los puntos más altos de la historia son siniestramente coloridos y al cabo logra vender la idea de que el conjunto visual es una auténtica concepción propia más allá de una representación de lo literario.
El relato fluye con esa cierta negligencia indie  por la que uno agradece que la realización no haya corrido a cargo de gran estudio o un director con más prestigio.
Selección oficial en Toronto y abridora de la Quincena de los realizadores en Cannes 2007; The heart…Resalta en dedicación y  feeling dando la talla  y sosteniéndose por si sólo; pese a la escasa difusión en los Estados Unidos y el directo a video (DVD).


El séptimo continente
(Der Sebiente Kontinent )
Dir. Michael Haneke
Austria, 1989






El timbre telefónico en la quietud del salón de estar. Llaman del colegio; pues Eva -hija única del matrimonio S- hubo estado ciega de repente durante quince minutos esta mañana.
La inoportuna llamada sirve para alterar el rítmico cotidiano. Le sigue una bofetada cuando Eva admite que ha mentido. Pues bien. sus quince minutos terminaron. Volverán los S a detenerse  hasta que Georg –el padre- tenga una hora libre para escribir a casa contando de su ascenso o Anna –la madre- escape de su clínica y lo haga por Georg.


Punzante dramaturgo y germano  de pura cepa, Haneke arranca escalofríos con su lente omnipotente que se escurre a la fría intimidad de un hogar como fantasma naturalista.
Con más de cuarenta años de edad, un Haneke debutante saca chispas en la pantalla con largos planos de indolente cuadratura.
Casi extraño de creer y no.
Su formación en filosofía y psicología y quizá sus fallidas aspiraciones juveniles de
actor lo hacen perfecto ojo avizor a los vicios del alma humana, y negrísima oveja de la cinematografía contemporánea.


Durante años, las hojas del calendario caen conforme los días. Carne certificada y leche pasteurizada. Alimentar a los peces y lavar el auto. Levantarse de la cama a las seis en punto. Volver a las doce horas.
Un día del año 89 la rutina se ve interrumpida pues la familia S se desvanece sin más rumbo que una postal imaginaria de algún  paraíso en Oceanía.


La métrica hanekeniana queda por sentada en esta ópera prima divida en tres actos que con tremendo filo diseccionan  la vida de la familia S desde el año 1986 hasta un desenlace que electriza en 1989.  Si el séptimo continente fuese una fotografía  sería una cuadro simétrico de la autopista del sur de Cortázar; un camino casi recto, casi mecánico; donde el movimiento lo suscita el estatismo y apenas se sospecha que un volcán  oculto está listo para estallar.


Felicidad (Happiness)
Dir: Todd Solondz
EUA, 1998






El  estancamiento en la vida de Joy se agrava con esa permanente mala pata con la que carga desde el día en que algo o alguien - vaya bromista- la puso en la familia Jordan. La “pobre” Joy tiene ganadas a pulso la compasión de su Hermana mayor Trish; cuyos lustrosos pisos son testigos de una cotidianidad modelo; la psicología inversa de Helen; la intelectual desquiciada hermana de en medio y la indiferencia de sus padres que no soportan ni despertar a diario en la misma habitación.


Empatado con Haneke; Solondz es la vara por la que nadie quiere ser medido. La familia gringa de clase media alta, habitante de suburbios de ensueño americano (sic) es lapidada una y otra vez a lo largo de su gandallísima filmografía que sigue de cerca la miseria emocional de dos familias molde del establishment a la americana.


Nunca está demás  brindar por la felicidad. Una comida al aire libre junto a esos locos personajes que uno llevará en la mente cuando muera, resulta ideal para recapitular mientas el sobrino se masturba en el balcón y uno sigue preguntándose por qué su lugar en el mundo no se encuentra en la misma habitación donde antes ha dedicado un brindis.




Solondz se da a respetar sin necesidad de una filmografía extensa. El ciclo de obsesiones con los que comparte cama, lejos de estigmatizarle lo consolidan con sólo cinco largos donde el puro desdén sirve de eje. Happiness es probablemente la más rabiosa sátira de su carrera y el prototipo de truculenta soap opera postmoderna.


Somos lo que hay
(We are what we are)
Dir. Jorge Michel Grau
México, 2011






Un discreto macho alfa es hallado muerto en el andén de una plaza comercial de lujo sofocado por sus propios fluidos. Con más preguntas que respuestas la familia designa un sucesor. Como su oficio y paredes lo evidencian, el tiempo no perdona. Un ritual heredado urge resolución.


En tierra de freaks el raro es rey. Y ese pudiera ser Alfredo; el mayor y más sensible de entre una madre  con tendencia a los ataques de ira y una hermana intermedia cuyo genio calculador la hace  jugar a la Pilatos lavándose las manos –aunque sea con sangre- de todo compromiso moral. Sin embargo, quien se roba el show de principio a fin, es el hijo menor; un rebelde brutal y grosero psicópata, interpretado por el joven Alan Chávez quien falleció a unos días del estreno; en medio de una riña con la policía.


La metáfora puede ser clara.
En efecto, una familia de antropófagos sobrevive a su modus vivendi  aunque sea asfixiándose con los mismos métodos con los que pretende salir al paso.  El planteamiento se resume a grandes rasgos en la siguiente cuestión ¿Qué sucede en una familia cuando hace falta la principal figura que provee seguridad y sustento?


Lo bueno: la impecable producción hace recuperar la fe en el cine nacional y promete apuntalar una nueva etapa vía la perspectiva caótica de cineastas que eran niños la última vez que se habló de nuevo cine mexicano.
La puesta en marcha de una campaña pegadora sobre un trabajo que reclama para sí un justo trato worldclass y abre brecha queriendo bien que la industria se fortalezca.
El primer guión en años, que no  muere por emular la última comedia romántica gringa  ni se obsesiona en demasía con los simbolismos. Adecuado el tratamiento de la dura realidad de las familias trabajadoras mexicanas. Demoledor titulo.
Lo Malo. Demasiados cabos sueltos vuelven el relato una maraña que omite cuando no debe y revela cuando se está al borde de decir como sea.
Lo feo: que ni el morbo tras la muerte del joven actor Alan Chávez ni los anteriores puntos hayan logrado conseguir la atención que por demás merece.

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