25 noviembre 2008

Melissa Auf Der Maur. La Profeta.



El viento susurra un arrullo. Una sonata para ángeles que desean y merecen dormir. Un corcel altivo emprende una caminata marcial pues ha advertido su presencia. Bajo el sauce llorón y envuelta en el céfiro guardián aquel que no loa, si no una antífona bélica se la ve a ella. De silueta sinuosa y cabellera granate; hermosa e indómita, luchadora e insaciable. La valquiria incendiaria, la preferida de Caliope, la hija prodiga de Terpsícore, la poseedora de la palabra y sus dones; la Venus de estas vastas tierras. Así es Melissa Auf Der Maur; la criatura prodigio de una nueva y renovada generación de gladiadoras que crean y recrean el rock femenino; la niña dorada que tal y como su nombre lo indica, personifica a la dadora de buenas noticias que con un pequeño gran evangelio sonoro, a revitalizado la añeja y enervada corriente hoy llamada alternativa. Melissa ha dejado atrás aquella estampa candorosa de doncella punk y se ha convertido en Auf Der Maur; la abeja reina que retorna a la tierra prometida con la única misión asestar un derechazo a los chauvinistas misóginos que aun creen que no hay lugar para la mujer en el Rock. Ella es Melissa; princesa guerrera de tiempo completo; el hada que viste botas de cuero y se destroza los dedos con un mazo de metal y cuerdas afiladas.
Auf Der Maur es la sirena que ha roto la maldición en la que los bajistas no hacen discos en solitario, la misma que promete reiterarse en el panorama musical con mas que una buena dosis de talento.
Melissa Gaboriau Auf Der Maur, nació un calido y ciertamente extraño 17 de marzo del año 1972 en la ciudad de Montreal, provincia de Québec, Canadá; en medio de una familia singular; compuesta por un funcionario de gobierno que saltaría del curul a la silla cancilleril, y una periodista de música, más tarde aplicada a la traducción.
Así, la entonces pequeña Melissa lidió no solo con un nombre que significa "Abeja" y que conlleva un poderoso simbolismo mesiánico, si no con la custodia compartida de unos padres absolutamente diplomáticos y en general, con una niñez burguesamente sospechosa.
“Caballos y sangre. En eso se resume mi niñez”. Confiesa. “de niña, sangraba por la nariz cuando me sentía triste… y en verano montaba caballos. No era buena saltando, pero mi postura era perfecta”. Luego parece añorar los años en que su madre intentaba inculcarle los principios del rock. “Este es el guapo, este quien arma el alboroto….y este se murió…..y créeme no querrás saber como…Estos son los Stones…y estos Pink Floyd….y estos…Joy Division….” Le escucharía la dulce pelirroja a la Señora de Auf Der Maur, cosa que mas tarde acabaría pagando con creces.
A los 10, Missy había desaparecido junto con las muñecas y los cuentos para ir a dormir. Habían asomado a su vida los chicos, los sostenes y una que otra sustancia que la hacia ver colores saltarines en la crines de su amado pura sangre, eso sin contar los recuerdos lejanos sobre maledicencias bíblicas y sobre todo los Stones, y luego el punk y mas tarde el glam.
Súbitamente se la ve sonreír con picardía “y fue ahí precisamente donde me metí unos ácidos por primera vez. Tenía 12. Pienso que cuando tu mente es tan joven ni siquiera te das cuenta de que pasa algo, ni aun de que en general no ven colores saltando por todos lados”. concluye.
Así pues, La niña de cuna y pecas de oro, amante de los caballos y las fotografías, fue tornándose gradualmente en un ser insólito, extraño, introspectivo. Era la profeta, la abeja reina recibiendo el llamado de su propia naturaleza.
Entonces cuando el guerrero esta listo para el campo de batalla no hay nada más sensato que otorgarle un arma. A los once vino, sin temor a la errata, el primer gran amor de su aun párvula vida: un bajo eléctrico Gibson Epiphone; curiosamente uno de los mas difíciles de ejecutar: …y entonces la primera banda: Tinker, creada a base de talento en potencia, sueños locos y mucha pose adolescente. A los 21 ya quemaba el escenario de apertura a The Smashing Pumpkins. No obstante esto sucedió tres años después de que se encontrase con Billy Corgan en una situación levemente menos incomoda.
“Los Pumpkins le estaban tocando a unas 20 personas. Mi amigo Bruce que después se volvió baterista de Goodspeed you! Black Emperor estaba ahí comentando socarronamente: mira que actitud. Tocan como si estuvieran en un estadio. Luego le arrojo una botella y le pidió a gritos que bajara el tono de la pose. Billy se abalanzó desde el escenario y se liaron a golpes. Poco después de la pelea me acerqué a Billy y pedí disculpas a nombre de todo el público presente”.Comenta.
Así pues, no fue si no hasta el 93, con la ventas del Siamese dream de los Pumpkins a todo lo alto y con Tinker en plena experimentación musical; que Auf Der Maur solicitaría abrir los shows de la banda de Corgan durante su gira por Canadá. Contrario a lo esperado, el líder los Pumpkins aceptó. Pero la historia no se tornó como un verdadero cuento de hadas hasta que, luego de seis meses de telonear a la extravagante banda por territorio canadiense, Corgan le propondría formar parte de uno de los fenómenos mas inusuales y esquizofrénicamente sonoros del rock femenino: Hole, el proyecto grunge-post punk de la viuda de Cobain, Courtney Love.
Hacia poco que Hole había quedado sin su bajista Kristen Piaff, debido a una sobredosis de heroína. Auf Der Maur, entonces estudiante de medio tiempo y músico promesa las 24 horas del día, vaciló en aceptar la oferta, pues la decisión implicaba un cambio repentino de planes y prioridades, no obstante, un par de semanas después, pisando tablas en el Reading Festival, Melissa se estrenaba formando parte de la alineación de la Señora de Cobain.
Más tarde en 1998, Hole clausuraría su turbulenta carrera discográfica con el lanzamiento de Celebrity Skin, un álbum despedida que prometía fusionar el espíritu punk–grunge, característico de la banda, con el airbrush californiano de la década de los 70. El fin de Hole marcaría para Melissa, el principio de la apertura a un universo de exploración creativa y un periodo más que prudente para tomar riesgos artísticos; de entre ellos, una corta pero productiva estadía en la banda que le vio nacer: The Smashing Pumpkins; periodo por medio del cual Melissa se llevó consigo una rebanada de inmortalidad al formar parte del ceremonioso y ciertamente bien logrado Machina/ the machines of God.
Luego vendría la corona que anuncia el fin de la gestación de una nueva diosa del rock. Un muy afortunado álbum en solitario.
Con una placa propia y lista; la cual simplemente lleva por titulo Auf der Maur, la princesa de voz angelical y cabellera rojiza que se escondía detrás del riff feróz de su bajo, toma conciencia de su estatus de reina. Después de sobrevivir prácticamente intacta al infierno hedonista y fatal de sus antiguas bandas; abstemia de narcóticos y dilemas existenciales, Auf Der Maur se muestra resuelta ante lo que significa perder el temor a ser quien en es y a demostrarlo con hechos.
Melissa retoma con orgullo y sin prejuicio la heráldica de su apellido que en su raíz suiza significa “ en la pared,” y sorprende a propios y extraños; mediante un sonido puramente sofisticado, el cual emana de un trabajo de producción artesanal y una exquisita y fructífera ejecución, que lleva el desempeño del bajo eléctrico a panoramas hasta hace poco insospechados.
Melissa ofrece un trabajo redondo, orgánico, visceral, que no abusa de la melancolía y que armoniosamente logra unificar fuerza, belleza y mucha elegancia; el toque divino de la diosa guerrera y su sequito de caballeros andantes: Josh Homme, Nick Olveri y Mark Lannegan de Queens of the Stone Age; Erick Erladsson de Hole, James Iha, ex Smashing Pumpkin y Twiggy Ramírez; bajista fundador de Marilyn Manson.
No es exagerado calificar a Melissa de revelación musical. Quizá exactamente lo contrario. Auf Der Maur, no promete. Cumple y se define. Rompe esquemas y revoluciona. Crea y al mismo tiempo se recrea.
Aun en su vida permanecen resabios de los tibios ayeres. Un padre entrañable y devoto, una madre visionaria e insumisa, los caballos, la sangre, la fotografía y un gastado bajo Gibson Epiphone que de poder dar testimonio podría narrar el mito de una fémina deidad curtida para el nuevo siglo; una que parece despertar luego de un prolongado letargo.
Siempre habrá calma antes de la tormenta y la tormenta tiene ojos verdes, labios rojos y voluptuosas elipses de mujer. Y la calma esta por terminar.

Discografia.
Con Hole:
  • Live through this (1994)
  • Ask For it (1995)
  • MTV Unplugget (1995)
  • My body the hand Grenade (1997)
  • Celebrity Skin (1998)
Con Smashing Pumpkins:
  • Machina/ The Machines of God (2000)
En Solitario:
  • Auf Der Maur (2004)

Por Palomita Rodriguez
contacto: palomitarodriguezwong@hotmail.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

eSTA P.M.