12 abril 2010

De Gerardo Deniz. Primavera en el fondo del colon.


Las bacterias cocteau se apiñan para ver llegar la sonda o lavativa.
Un caballito de mar gira desolado, enmierdado,
buscando en el limo sus herraduras perdidas.
La sirenita, recostada bocabajo, se lima uñas fecales;
de su culo escamoso asciende una columna ininterrumpida de burbujas
por la cual la joven ágil trepa cuando requiere remontarse y asomarse a la superficie
para tomar aire. La juventud ansiosa
de placeres bucofaríngeos, casi no los goza,
porque su práctica obliga a ingerir un desagradable galón de caca amarga.
El trabajo callado de la isostasia eleva hasta los bigotes de la industria
nódulos de manganeso- vienen del bazo negligente. En fin, lo provechosos y lo nocivo
se trenzan como en trenza de sirvienta juvenil o
pelambre púbico de Anfitrite artrítica, hirsuta y mediterránea.
con frecuencia topa uno con montones de huesos y armas obsoletas,
trabucos, arcabuces y sables de caballería predominan,
testimonios entrañables de viejas batallas victoriosas entre microbios y dictadores viscerales,
si bien luego del tratado intestinal en Tuscarora
fue alcanzado un equilibrio hegemónico relativamente estable
y se trazaron las fronteras entre naciones profundas
que en nada concuerdan con las lindes
de nos, petulantes pisaverdes- según llaman adentro
A quienes hollamos estos humus purulentos pletóricos de gangrenas.

El treintidós de marzo escarnecen un áscaris u otro helminto,
Lo sacrifican a puñaladas
Y la primavera rige oficialmente
En todas las tripas del señor,
Como en barriguilla, relleno rico barroco, de la muchachilla-
Hasta la hebilla o Eva de San Juan
-como escribió aquel amigo tan-
( Si esa Eva llega, que entre a verme enseguida. Verne he dicho.)-


Sus obras: Picos pardos (1987), Mansalva (1987), Grosso modo (1988), Mundos nuevos (1991), Amor y oxidante (1991) y Alebrijes (1992).

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