El verdadero Harry...
Por: José PUMA
Antes de cualquier otro Harry, experto en el arte de la nigromancia , existió uno, de carne y hueso; un mago que sorprendería al mundo para siempre, revolucionando el talento de encantar al público. Sin duda, los actos de escapismo, tiene como parte aguas, la notable aportación del sensacional Houdini. Oriundo de Hungría, el pequeño emigrante Erik Weisz, de 9 años de edad, cambiará su nombre por el que lo inscribirá en la historia; Harry Houdini.
A su corta edad, Harry, ya se veía interesado en las artes escénicas. Esta razón lo llevó a formar un pequeño circo, al lado, de sus cuates de la cuadra. Houdini, preparó algunos actos de contorción y trapecio, en esa época, se hacía llamar Erich “El príncipe del aire”. La pasión por hacer circo, de tiempo completo, le vino muy rápido. Así que se salió de su casa, comenzando su peregrinar con compañías circenses, y elencos de artistas que hacían asombrosos números. Al regreso con su familia, se mudarían a Nueva York, en donde conocerá las memorias de un gran mago y escapista; Jean Eugène Robert-Houdin, quien se convirtió en su más grande ídolo, reproduciendo sus actos, y tratando de superarlos, implementando su potente capital imaginario. En honor a Rober-Houdin, el joven Erich, decide rebautizarse con el mismo apellido, pero añadiendo una “i” al final, es decir, Houdini. El apellido debía nutrirse con un seudónimo muy del habla inglesa, así que, eligió el nombre Harry como nombre de pila.
Pero el joven aprendiz de mago, no solo se dedicó a sustentar sus conocimientos en las artes referidas a la magia. Se convirtió en un gran atleta, preparando su cuerpo, de manera eficaz para los trucos a preparar.
La inevitable muerte de su madre, golpeó su ánimo. Las costumbre de la época, lo llevaron a consultar los servicios de un espiritista, tratando de encontrarse con su difunta madre. Uno a uno, Harry desenmascaró, a los charlatanes que decían traspasar el velo de la muerte, con falsos dotes. Cientos de artículos le fueron publicados a Houdini, volviéndolo experto en trucos, efectos visuales y fraudes.

Uno de sus más grandes promotores, sin pretender serlo, es el escritor ingles Conan Doyle, quien mantuvo una profunda amistad con el escapista, asegurando, que lo que Houdini tenía, no era suerte, ni preparación; era un don, que lo hacia capaz de desmaterializarse, y volverse material en segundos. Esta idea de Doyle, se asocia a la fe ciega, que el escritor tenía por quienes hacían espiritismo.

Hoy, más de uno, niegan esta historia, lo cierto es que el 31 de octubre de 1926, Haoudini escapó una vez más. Esta vez del planet
a, logrando que lo único que no desaparezca, sea el asombro del respetable al ejecutar sus números.
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